
Ayer por la mañana estaba sentado en un cómodo sofá de la recepción de un hotel de Berlin intentando conectarme a Internet con el móvil, lo conseguí. Así fue como me enteré del fallecimiento de Steve Jobs, una de las personas más brillantes de nuestro tiempo. Entré en twitter y leí un tweet que mencionaba a Jobs y a Dios, señal inequívoca. Sin duda twitter no es el mejor sitio para enterarte de estas cosas, aún menos en el extranjero y sin tener a nadie al lado para comentarlo, era claro y patente que su enfermedad había entrado en estado terminal en las últimas semanas, algunas fotografías y la sensación de tristeza tras su ausencia en la presentación del Iphone 4s así lo atesoraban. A los 5 minutos empezaba una conferencia y un largo día sin acceso a Internet.
Como ya se ha escrito todo sobre sus éxitos empresariales, sus discursos, frases célebres, su enorme capacidad para innovar y su gran legado en forma de mac, ipods, iphone e ipads que le agradezco profundamente, intentaré no aburrir demasiado.
Son sólo unas líneas de agradecimiento por permitirme disfrutar de los productos Apple, para poder compartir lo que ayer me perdí precisamente por no poder estar conectado a sus Icreaciones vía Internet.
Supongo que un genio que se marcha antes de hora, deja una familia y algo similar a una religión de fieles consumistas e hipercomunicados con esa sensación de pérdida lejana, difícil de digerir para una sociedad con histerismo informativo.
Cerca de las doce de la noche, regresé al hotel y pude conectarme a Internet con mi Iphone mientras tomaba una Pimm’s en el bar del hotel. Gracias Sergio y Pau por descubrirme esa bebida extraña en un bar de Candem en vuestra estancia londinense.
La saturación informativa que me invadió tras media hora exhaustiva de repaso de mi TL tuitero, me confirmó la difícill digestión que suponía la pérdida de jobs. Un aluvión de status de facebook con frases del maestro, tweets de todos los colores: desde chistes de mal gusto, apples fans hundidos, homenajes, vídeos, portadas brillantes como la de la Razón, pésimo periódico por cierto, trendtopics y esas cosas.
Seguro que si hubiera digerido toda esa información dosificada a lo largo del día, y no concentrada en una sobredosis de poco más media hora, no me hubiera invadido la sensación de hastío humano. Steve Jobs fue un genio que consiguió hacernos sentir que pensábamos diferente en un mundo de iguales. Más allá de sus productos de gran calidad e indudable diseño por los que suspiran desde perroflautas a reputados despachos de arquitectos neoyorkinos. Think different nos hizo sentir especiales pero ayer nos comportamos todos muy igual. Con esa saturación informativa de intentar homenajear más y mejor al mito tan característica de las redes sociales y que me resulta tan cansina como comprensible. No me declaro apple fan pero lo soy, ninguna marca ha conectado tanto conmigo en mis 30 años, sin duda la figura de Jobs ha trascendido como lo hizo Henry Ford en su día, con el mismo denominador común que todos los genios, pensar diferente en un mundo de iguales. Uno cambió la manera de fabricar automóviles haciéndolos accesibles a mucha gente y Jobs ha cambiado la manera de comunicarnos fabricando gadgets inimaginables 10 años atrás, cuando jugábamos a la serpiente en un Nokia.
Tras mi pequeño homenaje mental y solitario, subo a la habitación 464 y veo el cargador de Iphone con altavoces en la mesita de noche cortesía de cualquier cadena que pretenda ser cool en el mundo del Hotel de ciudad cosmopolita.
Sonrío y me meto en la cama pensando:
-Este genio cabrón ha cambiado hasta los hoteles. Jobs debe pensar que somos unos putos pardillos.
Dentro de unos meses o incluso días, aparecerán las falacias sensacionalistas con bocetos secretos que dejó Jobs para Apple, cartas falsas de despedida, libros biográficos con afán recaudatorio y sin duda, ese cursilismo yankie tam extremo, la última aplicación que usó Jobs antes de morir, su último mail, las reacciones en Bolsa, ese coñazo tan propio de los vivos, y de los yankies. El consuelo es, que en el término medio habrá maravillosos documentales y libros que sin duda merecerá mucho la pena leer sobre su vida y Apple, no olvidemos que los automóviles siguieron evolucionando sin Henry Ford. No creo que Apple tarde en lanzar un Ijobs o edición especial con afán comercial emocional pero espero y deseo que haga un buen uso del tema, y no nos haga sentir demasiado borregos.
Pongo la alarma en el Iphone a las 7,30 para que me despierte la gran canción de “The Submarines” que usó Jobs en una de sus brillantes Keynotes para presentar el smartphone que ha revolucionado el mercado de la telefonía móvil y las tablets.
Thanks Jobs, tranquillo que aquí hay mil millones de gilipollas que quieren honrarte, aunque eso quizá te importe una mierda, supongo que eso es algo bueno. En realidad Jobs murió para nosotros el día que dejó Apple, 25 de Agosto de 2011. Para su familia ayer, día 6 de Octubre de 2011. Y mi Iphone sigue funcionando de puta madre.