No soy periodista, pero me encanta el periodismo. Puede que hasta sea mi vocación frustrada. Como gran aficionado al fútbol, sigo con especial interés el periodismo deportivo desde pequeño, desde el Larguero, Marca, As, Sport, MD en su día Don Balón y en los últimos tiempos prácticamente reducido a determinados articulistas: Martí Perarnau, Santiago Segurola, Trueba. También frecuento Sportyou, Diarios de Fútbol, Óptica Wenger y muchos otros, todo mezclado en forma de cocktail tuitero. Mi TL está plagado de periodistas, eso sí, más o menos seleccionados según mi criterio.

 

Últimamente me empiezan a irritar los continuos lloros radiofónicos por no poder acceder a los estadios de fútbol. Ya saben, el “no nos dejan trabajar”, “no podemos ejercer el derecho a la información” o esos brindis al sol de Paquito González en Tiempo de Juego, para quedar bien con sus colegas cuando él (y otros), hace tiempo que juegan en otra Liga, que se parece más a la de Cristiano o Messi en nivel de ingresos que a la del albañil al que intentan tocar el corazón. 

 

Hubo un tiempo en que los periodistas recibían un trato decente de los clubs, su cabina de comentaristas, a veces algún canapé y pelotazo, barra libre para circular por los estadios, movilidad a pie de campo, zona mixta y si alguien se despistaba hasta en el vestuario. Esto con el tiempo fue cambiando, zonas delimitadas, acreditaciones, cero canapés y las cabinas algo más abandonadas. Desde el mes de Agosto, ya ni entran al estadio porque la LFP les ha pedido que aflojen pasta si quieren acceder a los estadios. Entiendo la frustración del colectivo, pero los oyentes no hemos notado gran diferencia, se retransmiten los partidos y se escuchan perfectamente. 

Sin ser un experto en el tema, el problema es principalmente que no están dispuestos a pagar para acceder al estadio. No es que no les dejen informar, sino que ya no pueden hacerlo gratis, como habían hecho hasta ahora.

 

Cualquiera que escuche un programa de radio tipo Carrusel en la Ser o Tiempo de Juego en la cadena Cope, durante la conexión con un enviado especial a pie de campo, en la zona mixta, en los aledaños…oirá a un profesional (así les mola definirse: “soy un profesional y no me dejan trabajar, es una vergüenza”) quejarse amargamente de que no le dejan acceder (insisto gratis) al estadio o simplemente atravesar una valla para hacer una pregunta a Messi en zona mixta. 

 

Pero no, no se queja a sus patronos, no se queja a su compañero José Ramón de la Morena, que cobra más en un año que todas las fichas de la plantilla del Levante, hasta hace poco líder inesperado de la Liga 2011/2012. Mi molestia no es la queja sino a quién se quejan. No entiendo que esta movida la tengamos que aguantar los clientes/oyentes, los que como yo, conectamos el transistor para saber las alineaciones, resultados, escuchar una tertulia medianamente inteligente o simplemente pasar un buen rato. Sin más, como cuando vas a un hotel a dormir, no quieres que el recepcionista te taladre diciendo que no cobra, o que es un número en una enorme multinacional. En ningún gremio se aceptaría eso de gimotear aprovechando que tienes un micrófono.

 

La diferencia claro, es el micrófono, sólo ellos son profesionales con altavoz, en principio para hacer su trabajo e informar, pero también para quejarse claro o presionar a los poderosos y usar tintes demagógicos siempre que sea necesario para la causa. Un ejemplo: ¿Alguien ha visto en Deportes Cuatro un lunes una rueda de prensa de Pochettino en el Sardinero? Por supuesto que no, salvo que hable del FCB o de CR7. Desde hace semanas nos “machacan” con ruedas de prensa similares (equipos modestos que nunca salen un lunes en cuatro) en las que no hay preguntas, como si fuera nuestro problema o una tragedia que no hable Cúper de su 0-0 fuera de casa. Efectivamente no lo es, de hecho, si no sigues el fútbol con interés ni lo has notado. 

Otra corriente de quejas muy de moda en el gremio, es que FCB y Real Madrid, o mejor dicho Guardiola y Mourinho no conceden entrevistas personales (el portugués en alguna ocasión) y sus jugadores prácticamente tampoco.   

El periodista nos dirá que se pierden matices de los personajes, que quizá cada será más difícil llegar a la persona y no sólo al futbolista o que sencillamente (eso no lo dice) le jode dejar de coleccionar minitrofeos en forma de colegueo con los que mueven esto, los jugadores de fútbol. 

 

Yo entiendo perfectamente que un club como el Real Madrid cierre filas, cuando sus 24 jugadores y cuerpo técnico tienen a 200 tios (perdón, profesionales que a veces trabajan 10 horas para saber que Sahin ya entrena y la mueve bien) intentando captar algo noticiable y a poder ser con un toque morboso. No importa tanto si se ensaya el juego defensivo como un mal gesto de CR a Iker, eso es lo que mola y también lo que pide la gente. De hecho, como aficionado y dada la presión mediática que supone Mourinho y el Real Madrid de por sí, es lo mejor para el equipo. 

 

Con esto, no quiero decir que no entienda a los auténticos profesionales, pero antes de machacar al oyente/lector estaría bien darse cuenta que como muchos sectores el periodismo está cambiando. Que quizá no hay posibilidad de mantener tantos puestos de trabajo, para contar lo mismo o inventarse cosas nuevas para ir vendiendo.

 

Las webs, internet, la inmediatez de Twitter (usado como micro por muchos futbolistas) y las trabas que están poniendo los clubs, deberían servir para replantearse que 200 profesionales quejándose en la rotonta de Valdebebas porque no pueden entrar y presenciar el entreno, no tiene ningún sentido. Toca reinventarse, y en el sector puede que sea más fácil que a un ingeniero que le toca currar en el Breshka porque hay más curros para Carazos que para expertos en I+D en España. 

 

Sobretodo estaría bien que con la que está cayendo, no pretendan que seamos defensores de su causa. Las quejas a Diego Torres y sus bebidas energéticas de frutas del bosque. Y el buen periodista, a poder ser, que se dedique a informar.